El no podía dominar las lagrimas que afloraban a sus ojos. Ella, antes de doblar la esquina, se volvió y lo miró por encima de sus gafas de sol mientras susurraba:
"Los hombres que a mi me gustan no saben llorar"
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miércoles, 17 de febrero de 2010
martes, 29 de diciembre de 2009
Animal de compañia.

Encuentros.
Rellenó el monótono cuestionario con sus datos personales y entregó la solicitud al funcionario de camisa a cuadros que palidecía con el reflejo del pc. Este le indicó un día, una hora, y un lugar en los que recoger su futuro animal de compañia. Solo esperaba que aquel ser no estuviera invadido de nostalgia, pues la soledad se contagia y termina en caparazón mutuo con el que esquivar y huir. En ese instante entró ella. Tambien llevaba aquel papel gris en sus manos. Cuando cruzaron sus miradas ella dobló el impreso y lo abandonó en el mostrador.
domingo, 23 de agosto de 2009
El Narrador.
Cuentos.
Había una vez algo que ya no podría ocurrir mas veces pues era un momento único en la vida y mas valía disfrutarlo que pararse a contarlo. Ya vendría un futuro en el que, añorando el irrepetible tiempo, tendría que convertirlo en cuento que eternizara el efímero recuerdo.
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Microrrelatos,
Recuerdos
sábado, 7 de marzo de 2009
Los poderosos.
Cuando los poderosos quisieron aterrizar, los aeropuertos se habian transformado en sembrados de esperanza. Tuvieron que sobrevolar sin norte, largo tiempo en busca de un espacio protegido, o mas bien reservado en todo tipo de derechos y privilegios, sobre el cual posarse.
Sus boeings terminaron desintegrándose por falta de aliento. Aunque hay quien dice que lo que les faltaba era humanidad; ese requisito imprescindible para poner los pies en la tierra.
Sus boeings terminaron desintegrándose por falta de aliento. Aunque hay quien dice que lo que les faltaba era humanidad; ese requisito imprescindible para poner los pies en la tierra.
viernes, 19 de diciembre de 2008
De la brevedad.
Instantes. Nada y todo. Solo una luz quebradiza atravesando tímidamente el empañado cristal y la tarde escapando entre los dedos desnudos de los árboles del parque. Entonces la brevedad se hace inabarcable pues una sola línea escrita parece extenderse hasta el infinito y una abultada novela de mil páginas dura tan solo un suspiro breve en el que te sumerges olvidando el raudo paso del cronómetro imparable. Es la brevedad de la belleza.
Hay inacabables siglos de muerte y minúsculos instantes inmensos en el vivir.
Como una flor en el océano. Dichosos momentos vividos a pleno pulmón.
Hay inacabables siglos de muerte y minúsculos instantes inmensos en el vivir.
Como una flor en el océano. Dichosos momentos vividos a pleno pulmón.
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