
Diagnóstico.
Esperó un rato. La mirada perdida en los grumos de desconchada pintura en la pared del pequeño salón. Luego retomó el hilo de sus pensamientos y abrió con avidez y temor la carta con membrete que apretaba entre sus manos. La sospecha se hizo evidencia; aquel día era el primero de otra vida.










