
El candidato
Sabia que nunca votaría por él. Era un cetáceo de los de siempre y su actitud política se limitaría a permitir de vez en cuando que pequeños pececillos y gambas, gregarios y domesticados, se le introduzcan por la boca para limpiarle los parásitos o restos de comida, sin hacerles ningún daño durante su trabajo. A ellos los mantiene contentos y, de camino, luciría limpia y brillante su imagen exterior. Es un auténtico tiburón con candidatura a las urnas solo alertado por la presencia de otro escualo depredador.









