
Percances.
Aquel dia la Madre Tierra no pudo más. De su lamento brotó una gran nube de hielo y fuego. Cuando vieron avanzar aquella blanca energia sobre sus cabezas, nadie pensó que se tratara de un desesperado quejido. Mas bien se sintieron traicionados ya que, por un tiempo, la densa nube llegó a colapsarles disipando el sentido de sus vidas: Cumplir con el horario.








