Rehén. Estaba desorientado y tenia mucho frio. Tras el largo viaje los bajaron del camión y los metieron rápidamente en aquel lóbrego y húmedo agujero de algún lugar del país. La oscuridad era casi total pero podían oír un cierto ajetreo al otro lado de la puerta. Estaban allá apretujados y casi sin poder moverse y él empezaba a sentir un fuerte ahogo del que a duras penas se mantenía consciente. Aquella situación era insostenible. Tras largo rato se abrió la puerta y entró un hombre alto y uniformado que no tuvo contemplaciones para hacerle salir fuera. Debía ser ya por la mañana. Tras la oscuridad y el ahogo, se sintió herido por la potente luz exterior. El del uniforme lo subió a una larga superficie metálica y, sin mediar palabra alguna, tomó un largo cuchillo y le practicó un profundo corte en la frente por el que vertió toda su blanca sangre en una jarra de loza que aquel tipo puso a calentar en la cafetera.
- Aquí tienen sus dos cortados, señores ¿Desean algo mas?
- Aquí tienen sus dos cortados, señores ¿Desean algo mas?









