Y bien. Al final ellos solo se atrevieron con el anodino responso de la cobardía. Una vez muerto el líder, recibió los preceptivos halagos. Aunque bien es verdad que ninguno se sinceró de verdad, pues quedaban en mero brindis al sol, sin afán alguno de emular sus pasos mas allá de los cómodos tópicos.
Quien de verdad lo siguiera, se abstendría de tamaña grandilocuencia de plañidera y caminaría guardando sus consignas en el corazón, allá donde el ruido se silencia y el silencio es ardor.
Quien de verdad lo siguiera, se abstendría de tamaña grandilocuencia de plañidera y caminaría guardando sus consignas en el corazón, allá donde el ruido se silencia y el silencio es ardor.










