martes, 1 de diciembre de 2009

Reflejos.

Fotografia de Terezavh

Pequeña leyenda de una tarde de lluvia.

Tras muchos años de surcar espacios siderales, cabalgar montañas, resolver entuertos, susurrar al oído y disolver así viejas tempestades. Pasados tantos días de batalla y confusión, de éxodo y destierro, conquista y reconquista.
Una vez ya cansado y agotado de su eterno domicilio errante, de su vagar sin camino ni tregua, notó crecer en el pecho un deseo que siempre le había acompañado: Vivir en plenitud. No sentirse, como siempre, hecho de retales; fragmentado.
Y cuando aquella tarde de verano despertó en amalgama con una tormenta y ambos llovieron torrencialmente, sintió que a ras de tierra era plenamente uno. Cielo y suelo, agua y espejo, realidad y deseo.
Las nubes del cielo eran arbustos ligeros que preñaban de semillas el adusto cemento.

4 comentarios:

anabel dijo...

Es una preciosidad de texto, lleno de anhelos, insatisfacci´on, deseos, frustraccion, vida no vivida...y como amalgama m´agica la lluvia que encierra un monton de sugerencias, de posibilidades, de cambiar la realidad, purificandola.

Gracias por compartir esta poetica leyenda, y perdona la locura de mi ordenador que se niega a poner los acentos donde debe y como debe.

Un abrazo.

*Sechat* dijo...

He tenido la suerte de encontrarme esta joya en el blog de Tereza: Prosa Verde. Con él has conseguido hipnotizarme. Cuenta conmigo como seguidora. Un abrazo.

Laurita dijo...

Sentirnos plenos es lo que muchos deseamos, pero nunca encontramos la fórmula mágica para conseguirlo. Los reflejos son sólo eso, reflejos, aunque a veces vengan cargados de esperanza. Son un impulso, un empujoncito para estar cada vez más cerca.

Besos.

eva-la-zarzamora dijo...

Esto es una joyita...
Y dime, ¿quién nunca se sintió así, desfragmentado y con tanta plenitud en un mismo instante disoluto y eterno?

Abrazo.